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Aprender un oficio, una oportunidad para las privadas de libertad

(AGN).- Los estigmas sociales califican a las personas que se encuentran internas en los centros carcelarios como inútiles, pero poco se sabe de los programas de capacitación que desarrolla el Sistema Penitenciario como una oportunidad para que las privadas de libertad aprendan un oficio para salir adelante y lograr su reinserción en la sociedad.

 

La Agencia Guatemalteca de Noticias (AGN) realizó una visita a las instalaciones del Centro de Orientación Femenino (COF), localizado en el municipio de Fraijanes, unos 22 kilómetros al sureste de la capital, para conocer los trabajos que allí se realizan y conversar con las mujeres que optan por esos beneficios.

 

La primera impresión fue encontrar un lugar limpio, lleno de flores de todo tipo y mujeres que dibujaban en su rostro arrepentimiento, nostalgia, positivismo y ganas de seguir adelante, e irónicamente o contraproducente se respiraba paz. 

 

Algunas de las internas llevan más de 10 años en el centro y pese a su situación de reclusas, dicen sentirse como en su propio hogar, ya que pueden compartir con sus compañeras, asistir a la escuela, ir a la iglesia para buscar a Dios y sobre todo, tienen la oportunidad de aprender un oficio, elaborar productos varios y venderlos los días de visita.

 

En el COF, que tiene 343 internas, se pueden encontrar comedores, tortillerías, áreas de descanso, funciona una maquila y un lugar donde se clasifica y se empaca frijol, convirtiendo el centro en un lugar de múltiples tareas para motivar a las internas.

 

Prevalece la creatividad

 

En los pasillos de los módulos del centro se observa a una gran cantidad de mujeres que se las ingenian para elaborar una gama de productos artesanales, tal es el caso de doña Dilia Eugenia Torre, quien teje con rafia (un hilo de plástico), bolsas, gorros, billeteras y artículos decorativos, que vende a las personas que llegan de visita los miércoles y domingos al penal.

 

Otra de las mujeres emprendedoras es Estefanía Leiva, quien desde hace nueve años es la encargada de la maquila que funciona en el centro. A lo largo de estos años ha transmitido el aprendizaje de la alta costura a las internas y ha convertido la maquila en prácticamente una empresa que elabora estuches de perfumería, vestidos para fiestas y otros artículos de línea blanca.

 

Leiva comentó que hace algún tiempo presentó, en el Palacio Nacional de la Cultura, un desfile de modas con los vestidos elaborados por las internas, lo que según mencionó, la llenó de orgullo porque el propósito de enseñar este arte a las reclusas es que aprendan un oficio y que al recobrar su libertad puedan trabajar en una maquila o laborar por su cuenta para salir adelante.

 

Velia Galdámez Cruz es un ejemplo de vida y de superación entre las internas, es una mujer de la tercera edad que lleva diez años en prisión. Durante la entrevista con la AGN, se mostró muy sonriente, llena de energía y con ganas de superación, pues ya estudió su primaria y secundaria y está por graduarse de bachiller.

 

Doña Velia o la “Viejita” como es conocida en el COF, quiere seguir superándose y desea estudiar un curso de enfermería para que cuando recobre su libertad, pueda obtener recursos inyectando y ayudando a las personas que se lo soliciten, y agradece a las autoridades del Sistema Penitenciario por las oportunidades que le han brindado.

 

Capacitación y oportunidad

 

Pero no solo en el COF se realiza este tipo de programas de ocupación y reorientación de las personas que se encuentran cumpliendo una condena.

 

Según información de la Coordinación Productivo-Laboral del Sistema Penitenciario (SP) cerca del 60 por ciento de la población interna desarrolla actividades de trabajo en los centros de detención.

 

Tal es el caso de los reclusos de la Granja Modelo de Rehabilitación Canadá, en el departamento sureño de Escuintla, donde la actividad más importante es la producción de hamacas con fibras naturales y sintéticas, o en Cantel, en Quetzaltenango (oeste), donde funcionan 12 talleres de elaboración de trajes típicos, los cuales son comercializados en los mercados de la región.

 

Cumpliendo con la Ley

 

En los centros carcelarios que maneja el Sistema Penitenciario se tiene un registro de 16.000 reclusos, entre ellos 1.382 mujeres. Del total de reos, más de 10.000 están registrados en los controles de trabajo y estudio de la institución y periódicamente se envían informes a los juzgados para la aplicación de redención de penas.

 

Los trabajos realizados por los internos son remunerados tal y como se establece en la Constitución Política de la República y la Ley del Régimen Penitenciario. La mayoría de los reclusos utiliza esos ingresos económicos obtenidos de los productos que elaboran para seguir apoyando la economía de su familia o para comprar artículos alimenticios o de higiene en los centros.

 

La organización de los internos, gracias a estos programas laborales, ha permitido establecer cooperativas penitenciarias y los recursos obtenidos son ahorrados para luego ser utilizados en la creación de pequeñas empresas al recobrar su libertad.

 

A decir de las autoridades del Sistema Penitenciario, entre las políticas prioritarias están la aplicación y dignificación del trabajo penitenciario y se tiene programado institucionalizar el modelo cooperativista para lograr la autosostenibilidad de dichos procesos.